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La mejor forma de explicar el por qué de “El cristal roto” es reproducir el primer párrafo del famoso ensayo de F. Hayek “La competencia como proceso de descubrimiento”:
“Es difícil defender a los economistas del cargo de haber discutido la competencia, por cerca de 40 o 50 años, basándose en conjeturas que si reflejaran la verdad del mundo real harían que la competencia fuera algo sin interés e inútil. Si alguien conociera efectivamente todo lo concerniente a aquello que la teoría económica llama datos, la competencia sería, en realidad, un método inútil para asegurar un ajuste a estos hechos. No es sorprendente, por tanto, que algunos se hayan visto inducidos a concluir que podemos prescindir totalmente del mercado, o que los resultados de éste sólo deberían usarse como un primer paso para garantizar una producción de bienes y servicios que podamos manejar, corregir o redistribuir del modo que queramos. Otros, cuya idea de la competencia pareciera derivar únicamente de los textos modernos, han concluido, naturalmente, que ésta no existe.”
Esta es, pues, la única razón de ser de este sitio: poner de manifiesto los errores en materia económica con los que nos encontramos ocasionalmente en libros best-seller escritos por renombrados economistas, o, mucho más a menudo, en periódicos, revistas especializadas, tertulias, documentales, blogs o portales que, basados en viejos prejuicios o, simplemente, en teorías desencaminadas, que dominan nuestras opiniones sobre la competencia, la empresarialidad, la formación del precio, la soberanía del cosumidor, el monopolio, etc., son el origen de decisiones equivocadas, muchas veces de dramáticas consecuencias.
EL EDITOR




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