El economista naturalista II

El paradigma actual dominante entre los teóricos de los precios y del mercado, considera la competencia (competencia perfecta) como aquella situación en la que cada participante en el mercado hace lo mismo que los demás y en la que sería irrelevante tratar de diferenciarse de ellos. El empresario se enfrenta a planes dados de oferta y demanda. No existe incertidumbre. El sentido que aquí se le da a la competencia es más el de una situación que el de un proceso. Si, por el contrario, le diéramos a la competencia el sentido de un proceso de mercado, habría que tener en cuenta la empresarialidad, es decir, la posibilidad de concurrir libremente en el mercado aprovechando oportunidades no descubiertas anteriormente y ponerlo en conocimiento del consumidor, de tal manera que los empresarios intentarían diferenciar sus productos de los del resto de competidores para adaptarse mejor a sus necesidades, observarían a los demás competidores para tratar de anular sus ventajas, etc. En este sentido, Robert Frank pertenece al primer grupo, el más alejado de la realidad. Escribe:

“… Adam Smith sostuvo en ‘La riqueza de las naciones’ que el precio de un producto, a la larga, no debe de superar su coste de producción, pues, de lo contrario, las oportunidades de beneficio inducirán a los competidores a entrar en el mercado. Éstos seguirán entrando hasta que el aumento de la oferta baje los precios al nivel del coste.

Pero no faltan ejemplos de compradores que pagan precios muy dispares por bienes y servicios que, en esencia, son idénticos. Estos ejemplos parecen contradecir el principio de que el dinero no se sirve en bandeja. ¿Por qué la competencia de los vendedores rivales no nivela todos los precios?…”

A lo largo del libro, siempre que no se cumpla lo descrito en la cita anterior (’ley de precio único’), es decir, que los precios no bajen al nivel del coste, se afirmará que no hay competencia perfecta y una variante de lo anterior será que no hay suficientes empresas en el mercado. Si nos detenemos un segundo para pensar en lo que la cita sugiere, un escalofrío recorrerá inexorablemente nuestro espinazo porque tal cita solo podrá cumplirse si la mente de todos los seres humanos de la tierra adopta el modo ’standby’, es decir, ningún empresario aprecia diferencias de precio entre productos y factores de producción, ningún departamento de marketing trata de crear adhesión a la marca, si en I+D+i son incapaces de diseñar productos más atractivos, más baratos, menos pesados y voluminosos para adaptarse a los gustos de los consumidores. En definitiva, un desastre. Por suerte, la realidad no es así.

Un poco más adelante dice:

“La ley de precio único es especialmente aplicable a bienes y servicios que se venden en mercados donde existe competencia perfecta. Se trata, para simplificar, de mercados en los que un elevado número de vendedores ofrecen productos muy tipificados.”

Robert Frank quiere decir ‘bienes’ cuando escribe ‘productos muy tipificados’ y, recordemos, ‘bien’ es una cantidad de algo que podemos dividir en unidades homogéneas. Pero resulta que es el consumidor el único que puede percibir tal homogeneidad porque el consumidor no sólo compra el producto sino todo lo que rodea a ese producto, sus atributos. Esto quiere decir que Robert Frank no puede decidir por los demás consumidores lo que considera o no homogéneo (productos muy tipificados). Se deduce de ello que Robert Frank no puede decidir cuándo hay o no competencia perfecta. Pero lo hace cuando responde a una pregunta sobre DVD, CD y libros:

“Dado que los competidores no pueden ofrecer productos sustitutivos, en estos mercados no existe competencia perfecta.”


Robert Frank describe en la anterior cita algo inexistente en la realidad. El pan de cada panadería no es idéntico, un bar es diferente a otro pues el cliente valora no sólo el precio de lo que le sirven sino el ambiente, el espacio, la amabilidad, la rapidez, la higiene, los pinchos tan ricos que tienen, etc. Es realmente increíble que esto no se tenga en cuenta a la hora de responder a numerosas preguntas que se hace en el libro.

En otra parte del libro dice que los bares que ponen a disposición de los clientes cuencos con frutos secos salados lo hacen para inducir a un mayor consumo de cerveza u otras bebidas alcohólicas mientras que si se sirviera agua gratis no conseguirían el mayor margen que proporcionan las primeras. Pero tal vez no sean tan maquinadores y sólo traten de diferenciar el servicio que da su bar del que da el de al lado con un nuevo atributo muy apreciado por el cliente y no muy costoso, o bien esté tratando de copiar al competidor para anular su ventaja. ¿Cómo explicaríamos el éxito de las zonas de bares de tapas o copas con tantos locales situados tabique con tabique y llenos hasta arriba si no fuera porque no son productos homogéneos e intercambiables sino productos totalmente diferentes?

Como en todos los mercados se trata de diferenciar los productos para hacerse con los favores del cliente, podemos decir que el precio de cada uno de esos productos es precio de monopolio ¿Se debería multar a todas las empresas por tratar de satisfacer de forma más perfecta las necesidades de los consumidores o sólo cuando una de ellas consiga una parte sustancialmente importante del pastel?

Visto lo anterior debemos hacernos una pregunta: ¿cómo podemos saber entonces si hay en el mercado muchas empresas compitiendo o muy pocas si cada empresa ofrece un producto diferenciado? Cuando en el libro responde a la pregunta de por qué muchas tintorerías cobran más por las blusas que por las camisas, en un párrafo escribe Robert Frank:

“En general, cuanta más competencia hay en una industria, es menos probable que discriminen a los clientes. Incluso en una ciudad pequeña como Ithaca figuran más de diez tintorerías en las páginas amarillas, más que suficientes para garantizar una dura competencia. Si las tintorerías estuviesen cobrando precios significativamente superiores a lo que les cuesta lavar y planchar las blusas, estarían sirviendo el dinero en bandeja. Bastaría con que un comprador pusiera un anuncio diciendo: “Blusas al mismo precio que las camisas” y enseguida arramblaría con todo el mercado femenino.

El hecho de que se mantengan las diferencias de precios hace suponer que estas se deben a diferencias en el coste de procesar los dos tipos de prendas.”

Aquí vemos un ejemplo de lo que se comentaba más arriba. Robert Frank decide que diez tintorerías son más que suficientes. ¿Por qué cinco son pocas y quince muchísimas? Porque en el mundo estático de Robert Frank, la competencia perfecta no contempla la perspicacia de empresarios que pueden diferenciar su servicio aportando nuevas oportunidades a los consumidores y, por otro lado, estos no perciben ninguna diferencia entre tintorerías. Por ello acaba concluyendo que la diferencia de precios entre blusas y camisas persistirá debido al coste lo cual es otro de los errores garrafales que comete el profesor de Cornell.

Este error es consecuencia del olvido de la ley de utilidad marginal, otra vez, que nos dice que la oferta disponible se emplea en los usos más provechosos y recibe su precio de las valoraciones de estos últimos. Sin entrar en otros detalles podemos decir que el mayor valor dado por las mujeres al lavado y planchado de blusas permite a las tintorerías poner un mayor precio a este servicio y, por ello, se demandará más mano de obra para estas labores, lo que se conseguirá sólo con incrementos salariales. Este último hecho es considerado por Robert Frank como el determinante del precio del lavado y planchado de blusas. Es obvio que realizar un análisis desde uno u otro enfoque puede cambiar mucho nuestras conclusiones.

Libros recomendados para este escrito:

Compártelo:
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Furl
  • LinkedIn
  • Meneame
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • TwitThis
  • BarraPunto
  • blogmarks
  • Fleck
  • Live
  • Ma.gnolia
  • MyShare
  • N4G
  • NewsVine
  • Pownce
  • Print this article!
  • Slashdot
  • YahooMyWeb
  • MySpace
  • Netvibes

 Powered by Max Banner Ads 
Esta entrada está fechada el 30 de Julio de 2008 y archivada en Libros. Puedes seguir los comentarios mediante RSS 2.0. También es posible dejar un comentario, o hacer trackback desde tu propio blog.

Deje una respuesta

Tiene que entrar como logged in para dejar un comentario.

Publicidad


 Powered by Max Banner Ads 

Conferencia del profesor Jesús Huerta de Soto (1 de 6)

tp