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	<title>El cristal roto</title>
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	<description>Cuaderno crítico de formación e información empresarial</description>
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		<title>Los excesivos emolumentos de los directivos.</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Nov 2008 20:29:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;4.3. Uno de los problemas que han surgido se relaciona con los métodos de incentivación a los altos directivos y los responsables de los bancos de inversión. Sería necesario proceder a su revisión y restablecer unos niveles razonables que se correspondieran adecuadamente con los beneficios y los resultados de las empresas. En la actualidad, tanto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/11/emolumentos.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-293" title="emolumentos" src="http://elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/11/emolumentos.jpg" alt="" width="296" height="208" /></a><em>&#8220;4.3. Uno de los problemas que han surgido se relaciona con los métodos de incentivación a los altos directivos y los responsables de los bancos de inversión. Sería necesario proceder a su revisión y restablecer unos niveles razonables que se correspondieran adecuadamente con los beneficios y los resultados de las empresas. En la actualidad, tanto los trabajadores como los consumidores que padecen la crisis financiera desaprueban los excesivos ingresos de los altos directivos, que contribuyen a agudizar las dificultades. Dichos ingresos siguen siendo a menudo elevadísimos, independientemente del éxito, o no, de sus resultados.&#8221;<br />
<strong>(ECO/216 La dimensión ética y social de las instituciones financieras europeas, Bruselas 23 de octubre de 2008)</strong></em></p>
<p>La cruzada contra las obscenas retribuciones de directivos y consejeros no es nueva ni europea. Una consulta en cualquier buscador dará como resultado cientos de noticias y artículos de opinión contra lo que el público, los medios y los políticos consideran la máxima expresión de la codicia. No piensan lo mismo sobre los ingresos de David Beckham, Miquel Barceló o Brad Pitt. No es necesario &#8220;proceder a su revisión&#8221; ni a &#8220;restablecer unos niveles razonables que se correspondieran&#8221; con un aplausómetro, por ejemplo. ¿Por qué se trata de forma diferente la legitimidad de los ingresos de las personas? Sencillamente porque no se perciben con la misma claridad los beneficios que obtiene la sociedad con su trabajo. Una buena interpretación, una falta magistralmente ejecutada que acaba en gol o el placer para los sentidos que produce una magnífica obra de arte, es directamente percibida por el público, pero el trabajo de directivos y consejeros que se manifiesta en menores precios de los productos, en puestos de trabajo, en tecnología que nos ahorra tiempo y esfuerzo, etc., es más difícil de asociar a estrategias o, simplemente, a decisiones diarias que no trascienden a la prensa.</p>
<p>Las remuneraciones de directivos y consejeros, como los de sus empleados, o de artistas, deportistas y profesionales, son precios, como precios son el de un Ferrari, un bistec, una entrada para un partido de fútbol, un vuelo en Lufthansa a Montevideo, un libro o un piso. Son el resultado de un acuerdo entre dos partes y lo determina la oferta de personas con talento y la demanda de personas con talento. Tales remuneraciones tienen un máximo en el tope que marca la utilidad marginal, es decir, no se pagará más sueldo, stock options, membresías de clubes exclusivos, automóviles e indemnizaciones que las que marque como tope el resultado adicional descontado que van a obtener los accionistas por las decisiones tomadas por estos directivos y consejeros con talento. De ello se deduce, primero, que no roban a los accionistas sino que les hacen ganar más y, segundo, el consumidor no pagará más por un producto fabricado por una empresa que ha contratado a un directivo con un sueldo escandaloso, puesto que tiene otras alternativas. Está claro ahora que pronunciarse sobre las retribuciones de directivos y consejeros sólo está al alcance de quien posee los elementos de juicio necesarios para valorarlo, que no son otros que los accionistas que ¡oh, casualidad! son los que mejor cuidan de su dinero. ¿Cómo puede saber un periodista, un actor o un estudiante o, muchísimo menos, un político, ajenos al accionariado de una empresa, si les sale a cuenta o no a los accionistas de ésta pagar las remuneraciones que pagan?</p>
<p>Como el peso de los argumentos empleados anteriormente suelen atemperar la virulencia de las críticas, la mayoría popular, mediática y política cambia de tercio y dirige ahora su artillería hacia las retribuciones diferidas o sea, en los blindajes, &#8216;paracaídas dorados&#8217;  o &#8216;indemnizaciones por despido&#8217;. Como resulta que tales emolumentos, que se nos antojan astronómicos, son entregados precisamente cuando la empresa se deshace del directivo o consejero que ha fracasado, pocos pueden entenderlo, especialmente en estos días de crisis. Pero debemos tener en cuenta que, desde el punto de vista del directivo exitoso de una empresa que es tentado por otra para que trabaje con ellos, no sólo deben pagarle más sino compensarle por la dificultad, sino imposibilidad, que, en caso de despido, tendrá para volver a su anterior trabajo, donde estaba bien considerado y disfrutando del éxito, o para encontrar otro ahora que tiene marcada en la frente la palabra fracasado. Por otro lado, un directivo que ha fracasado no puede seguir responsabilizándose de presupuestos multimillonarios para no hacer perder más dinero a sus accionistas por lo que puede ser más que rentable pagarle esas cantidades que indignan tanto a público y prensa con tal de que se vaya ya.</p>
<h2>Libros recomendados para este escrito:</h2>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&amp;isbn=9788423426720"><img src="./wp-content/uploads/imagenes/9788423426720.jpg" alt="" /></a></p>
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		<title>Consumismo navideño</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Oct 2008 11:47:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
				<category><![CDATA[Prensa]]></category>
		<category><![CDATA[acción humana]]></category>
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		<description><![CDATA[Quedan dos meses para las fiestas navideñas y los sectores cuyo volumen de negocio depende en gran medida de estas fechas tienen por delante la difícil tarea de persuadir a los consumidores de la idoneidad de sus productos haciendo un enorme esfuerzo publicitario. Quien lo tiene menos difícil, tal vez porque los incesantes ataques a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/10/belen.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-286" title="belen" src="http://elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/10/belen.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Quedan dos meses para las fiestas navideñas y los sectores cuyo volumen de negocio depende en gran medida de estas fechas tienen por delante la difícil tarea de persuadir a los consumidores de la idoneidad de sus productos haciendo un enorme esfuerzo publicitario. Quien lo tiene menos difícil, tal vez porque los incesantes ataques a la Navidad le han allanado el camino, es el becario designado por el medio de comunicación de turno para cubrir el tema recurrente del &#8220;despilfarro navideño&#8221;. Intentará avergonzarnos, como manda la tradición, con los miles de millones de euros que nos gastamos en regalos inútiles que posiblemente serán devueltos la primera semana de enero y nos machacará con estudios de escaso rigor técnico que demostrarán la ineficiencia económica de estos regalos. Los tópicos y prejuicios acumulados durante años vuelven a salir con la misma fuerza que el primer día desoyendo los argumentos de aquellos que los refutaron una y otra vez. Cuando ciertos prejuicios se enquistan en los sentimientos de los enemigos del mercado no hay forma de sacarlos.</p>
<p>Quien sentencia que las compras navideñas son un despilfarro siempre se refiere a las de los demás. Juzga, según la propia escala de preferencias, el valor que otros dan a los bienes que optaron por comprar según la suya. Esta clase de juicio de valor interpersonal no es posible ya que todos somos diferentes y tenemos fines diferentes que conseguimos a través de medios diferentes. No podemos decir que la compra que hace otro es un despilfarro pues no sabemos ni siquiera si cumple o no con su cometido. Si eso es realmente difícil de dilucidar cuando se trata de nosotros mismos, sorprende la arrogancia con la que indicamos a los demás lo que les conviene o no. Los anterior nos dice que, con la información que se tiene en el momento de comprar, la decisión tomada por el comprador es siempre eficiente. ¿Son realmente un despilfarro las compras que hacen los demás? ¿Sabemos qué se proponen conseguir los consumidores con esas compras y, en caso de saberlo, si han cumplido con el propósito para el que fueron adquiridas? Pero primero de todo la pregunta clave: ¿Qué finalidad tienen los regalos navideños?</p>
<p>La Navidad es un momento de generosidad y con los regalos y celebraciones se pretende decir a familiares y amigos que se les tiene muy presentes. Unos buscan sorprender porque saben cuanto le agrada al receptor ser sorprendido, otros regalan aquello que el receptor, por ser una persona en exceso sencilla, no compraría por sí mismo. Normalmente tratamos de regalar algo que sea de lo más útil para la persona que queremos, la mayoría de las veces sin conseguirlo, pero es irrelevante porque lo que importa es el acto de regalar un bien. ¿Qué satisfacción produce un regalo a la persona que lo regala? ¿Cómo se mide esa satisfacción si depende tanto o más del acto de regalar que de la utilidad que tenga ese regalo para el receptor?</p>
<p>El valor que se le da a un bien es subjetivo. En esa valoración no sólo tenemos en cuenta la urgencia de la necesidad que será satisfecha con dicho bien sino también la de otras necesidades que tenemos que satisfacer con otros bienes a los que se debería renunciar. Podemos decir que preferimos un bien a otro pero no en cuántos euros valoramos ese bien. La medida de la satisfacción no tiene carácter cardinal sino ordinal. Ocupa un lugar en una escala de preferencias. Por esa razón es imposible para una persona saber el valor que tiene un determinado bien para otra persona, lo que hace del todo imposible determinar el grado de satisfacción que consigue otro haciendo un regalo. A su vez, nos impide hablar de eficiencia y, por tanto, de despilfarro.</p>
<p>Como sólo hay preferencia revelada en el momento de comprar, es un error decir, como se ha hecho en algunos estudios, que un bien B tiene un valor de X para el señor A simplemente porque al ser preguntado el señor A cuánto estaría dispuesto a pagar por el bien B su respuesta fue X, a no ser, claro, que se confunda valor con anticipación de precio que son dos cosas muy distintas. Es por ello que el famoso estudio que el profesor Joel Waldfogel realizó en 1993 es del todo inútil.</p>
<p>En dicho estudio, el profesor Waldfogel concluye que aproximadamente 10% del precio de los regalos que se hacen en Navidad es despilfarro. ¿Por qué? En la encuesta, el profesor preguntó al encuestado cuánto estaría dispuesto a pagar por un bien determinado. Como los encuestados contestaron que pagarían un 10% menos de lo que estimaron sería su precio de venta, la conclusión a la que se llegó es que esa diferencia podía ser considerada despilfarro. Pero es un error estudiar la utilidad que tiene para el receptor un regalo ya que no ha pujado por el mismo según su escala de preferencias. La eficiencia se ha de estudiar en el lado del comprador que hace el regalo y medirla en cada caso según el grado en que se logra hacer saber a otra persona que la quiere, que le importa, que cuida de ella, etc. ¿Es posible esto?</p>
<p>La propuesta del profesor Waldfogel que se deriva del anterior estudio es que será siempre preferible regalar dinero porque de esta manera la gente podrá comprar aquello que realmente necesita. Pero, como dice Jeffrey Tucker, del Mises Institute, ¿por qué quedarse ahí? Si vamos a regalarnos dinero los unos a los otros ¿no sería mejor que nos entregásemos ese dinero directamente a nosotros mismos y comprar lo que quisiéramos con entera garantía de eficiencia?</p>
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		<title>Diferencias salariales entre hombres y mujeres</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2008 18:24:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
por Wendy McElroy
Wendy McElroy es autora del libro Freedom, Feminism and the State (Washington: Cato Institute, 1982).
La oficina del censo de Estados Unidos informó a fines de agosto que el salario medio de mujeres que trabajan a tiempo completo es 75,5 centavos por cada dólar que ganan los hombres, una caída de 0,6% desde el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/10/mujtrab.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-281" title="mujtrab" src="http://elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/10/mujtrab.jpg" alt="" width="300" height="219" /></a></p>
<p style="text-align: left;"><strong></strong>por Wendy McElroy</p>
<p style="text-align: left;"><em>Wendy McElroy es autora del libro Freedom, Feminism and the State (Washington: Cato Institute, 1982).</em></p>
<p>La oficina del censo de Estados Unidos informó a fines de agosto que el salario medio de mujeres que trabajan a tiempo completo es 75,5 centavos por cada dólar que ganan los hombres, una caída de 0,6% desde el año 2002.</p>
<p>Las feministas de inmediato protestaron: “aumenta la discriminación”, exigieron aumento del salario mínimo y mayor empeño en hacer cumplir las leyes sobre igualdad de oportunidades.</p>
<p>Pero puede que no exista, en realidad, problema alguno. Empezando que 0,6% es una variación insignificante en las estadísticas, especialmente cuando los salarios de las mujeres han subido a lo largo de dos décadas.</p>
<p>Por otra parte, el estudio del censo no es científico: apunta a algo que merece la atención, pero no explica por qué existe la diferencia salarial.</p>
<p>El año pasado, la Oficina Contable del gobierno de EEUU informó que el patrón de conducta es uno de los factores que explican la diferencia en los salarios de hombres y mujeres. “Las mujeres tienen menos años de experiencia, trabajan menos horas al año, es menos probable que trabajen a tiempo completo y se apartan de la fuerza laboral por períodos de tiempo más largos que los hombres”.</p>
<p>Algunos expertos mantienen que las mujeres a menudo prefieren mayor flexibilidad en el trabajo –lo cual les permite ocuparse de la familia–, en lugar de dedicación absoluta al trabajo, lo cual conlleva mejores sueldos y promociones.</p>
<p>En otras palabras, más mujeres que hombres buscan trabajos que pagan menos, pero que permiten horarios flexibles, de manera que las madres pueden ocuparse de sus hijos y demás familiares.</p>
<p>Entonces, cuando se examinan las estadísticas salariales de hombres y mujeres, el punto medio de las mujeres está, desde luego, por debajo de los hombres.</p>
<p>Y ¿cuál es el resultado cuando se comparan dos puestos similares? ¿Por qué la diferencia? Lo primero tiene que ver con la definición de trabajo a tiempo completo. Eso suele definirse como 40 horas a la semana, pero hay una gran diferencia en lo que gana una persona que le dedica 40 horas a su trabajo y otra que le dedica 60 horas.</p>
<p>Por las mismas razones que las mujeres prefieren horarios flexibles, también prefieren trabajar menos horas, pero los bonos, los aumentos y las promociones naturalmente los reciben quienes trabajan más.</p>
<p>Y cuando se toma en cuenta variables tales como tener hijos, la diferencia salarial prácticamente desaparece.</p>
<p>Otro factor que no se suele tomar en cuenta es el mayor salario pagado en horarios menos atractivos. Por ejemplo, es más peligroso manejar un taxi de noche que de día y más hombres están dispuestos a aceptar horarios nocturnos, mejor pagados que los diurnos.</p>
<p>Las diferencias salariales entre hombres y mujeres existen porque las prioridades suelen ser diferentes. A quienes argumentamos que esa diferencia refleja diferentes prioridades se nos acusa de no importarnos la igualdad o la justicia. Sería más preciso decir que tenemos una visión diferente de la igualdad y la justicia.</p>
<p>Existen dos visiones totalmente diferentes de lo que es la libertad y la justicia. La primera, presentada en esta columna, argumenta a favor de la igualdad de oportunidades: que la ley proteja de igual manera a cada individuo y a su propiedad, sin darle ventajas a nadie.</p>
<p>Esa igualdad de oportunidades conduce, inevitablemente, a desigualdad de resultados porque éstos dependen de muchos factores, tales como habilidad personal, trabajo duro, seriedad y suerte.</p>
<p>La desigualdad de resultados no presupone una injusticia porque justicia significa que cada uno recibe lo que se merece.</p>
<p>La visión contraria define igualdad en el resultado, cuando la gente es políticamente, socialmente y económicamente igual.</p>
<p>Winston Churchill explicó la diferencia así: “’Todos los hombres son creados iguales’ mantiene la Declaración de Independencia americana. ‘Todos los hombres serán mantenidos en igualdad’ dicen los socialistas”. Eso último sólo se logra bajo gobiernos totalitarios.</p>
<p style="text-align: center;"><em>Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE) </em></p>
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		<title>La falacia de las transacciones de suma cero</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Sep 2008 14:55:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[suma cero]]></category>
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		<description><![CDATA[Una de las falacias más extendidas es la de las transacciones de suma cero, es decir, aquellas en las que lo que uno de los participantes gana el otro lo pierde. La realidad es que las transacciones económicas, siendo libres y voluntarias, no dejan a ningún participante peor de lo que estaba antes de realizar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/09/elec1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-266" title="elec1" src="http://elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/09/elec1.jpg" alt="" width="300" height="186" /></a>Una de las falacias más extendidas es la de las transacciones de suma cero, es decir, aquellas en las que lo que uno de los participantes gana el otro lo pierde. La realidad es que las transacciones económicas, siendo libres y voluntarias, no dejan a ningún participante peor de lo que estaba antes de realizar tales transacciones pues en caso contrario no las realizarían. El error viene dado al considerar que el dinero es riqueza y los bienes que obtenemos con el mismo no lo son.</p>
<p>Las implicaciones derivadas de este error han sido muy dañinas y se han producido con carácter general en los últimos siglos y en todos los rincones del mundo. Pensar que en cada transacción una parte gana y otra pierde induce a organizaciones y gobiernos a exigir y hacer políticas que traten de minorar la supuesta injusticia. Los resultados de tales políticas siempre fueron peores que el daño que se trataba de eliminar y muchas familias lo sufrieron. Políticas de alquileres máximos, salarios mínimos, precios del pan y la electricidad limitados por decreto, etc., supusieron, y aún hoy día suponen, la inactividad constructora de apartamentos de alquiler, el paro juvenil y de inmigrantes, la sobredemanda de productos y la interrupción de programas de inversión que mantendría tanto el estado de los apartamentos como el de la red eléctrica. Nadie duda de que algunos se beneficiarán de ello, pero no todos los que desean realizar transacciones de ese tipo. Es posible que algunos inquilinos se beneficien de las rentas limitas pero otros no encontrarán apartamento; es posible que haya trabajadores que vean sus salarios incrementarse hasta el salario mínimo, pero otros perderán el empleo o no lo encontrarán.</p>
<p>Nuestro trabajo y nuestros negocios no tienen como fin la obtención de dinero, salvo en el caso patológico del avaro, sino la de bienes y servicios que nos permitan una vida más cómoda y agradable. El dinero es un medio, es la forma indirecta de cambiar lo que ofrecemos a la sociedad por lo que recibimos de ella. La riqueza, por tanto, no está debajo de una piedra y se la lleva el que primero pasa por ahí y la ve. Cuando nos disponemos a realizar una transacción no sólo interviene la variable precio, sino el valor subjetivo que cada uno de los participantes da a los bienes que entregan y a los bienes que reciben. Cada participante recibe más valor que el que entrega. Las dos partes ganan y aumenta la riqueza para los dos.</p>
<h2>Libros recomendados para este escrito:</h2>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&amp;isbn=9788423426720"><img src="./wp-content/uploads/imagenes/9788423426720.jpg" alt="" /></a> <a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&#038;isbn=9788496836228"><img src='./wp-content/uploads/imagenes/9788496836228.jpg' /></a></p>
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		<title>Publicidad, información y persuasión</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Sep 2008 14:34:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;La publicidad es como un canto de sirenas que sirve para atraer a los pescadores seducidos que son los consumidores&#8221;.
Esto se dice en el video (también aquí) [8'12"] que la &#8216;Red de educación del consumidor&#8217; (formada por diversos institutos de consumo autonómicos) realizó para &#8220;mostrar al consumidor el funcionamiento de la publicidad, cómo ésta le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>&#8220;La publicidad es como un canto de sirenas que sirve para atraer a los pescadores seducidos que son los consumidores&#8221;.</p></blockquote>
<p>Esto se dice en el <a href="http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article11423">video</a> (también <a href="http://es.youtube.com/watch?v=QZmrKXfl8bs">aquí</a>) [8'12"] que la &#8216;Red de educación del consumidor&#8217; (formada por diversos institutos de consumo autonómicos) realizó para &#8220;mostrar al consumidor el funcionamiento de la publicidad, cómo ésta le seduce, instándole a ser crítico hacia ella&#8221;.</p>
<p>Sigue:</p>
<blockquote><p>&#8220;La publicidad forma parte de lo que se llama comunicación persuasiva&#8221; [8'28"] y su finalidad es convencer. &#8220;En la publicidad [9'56"] se suelen utilizar dos tipos de estrategias que se entrelazan: una es la de informar y argumentar, describir el producto; la otra estrategia es la seducción y sus herramientas de trabajo son fundamentalmente las imágenes.&#8221;</p></blockquote>
<blockquote><p>&#8220;Y como el único fin de la publicidad es vender, su mensaje central se puede sintetizar &#8220;si compras mi producto serás feliz&#8221;. Por lo tanto, si comprando el producto seré feliz es porque aún no lo soy. Como pueden ver, la publicidad es el arte de enseñar a la gente a necesitar cosas (11&#8242;09&#8243;)</p></blockquote>
<p>En primer lugar, aunque conceptualmente informar y sugerir sean dos cosas distintas, en la práctica no hay forma de distinguirlas. Esto se ve de forma más clara cuando pensamos en alguien que ha cambiado sus preferencias: ¿Podemos afirmar que lo ha hecho por haber recibido nueva información de una de las alternativas? ¿De las dos? ¿O ha sido porque la publicidad de una es más sugerente que la de la otra? Es difícil determinarlo porque el bienestar que nos producen los productos que adquirimos no se encuentra en el ámbito de lo racional.</p>
<p>Los seres humanos, de acuerdo con Carl Menger, elegimos los bienes que nos hacen felices como sigue: primero escogemos aquellos de los que depende nuestra vida, después aquellos que mejoran o conservan nuestra salud y después el resto. &#8220;El resto&#8221; son precisamente aquellos bienes que consume una sociedad desarrollada. Sabemos que cuanto más avanza económicamente una sociedad más perciben sus indivíduos las diferencias y más se desarrollan los gustos, y como ya nos adentramos en el terreno de lo irracional, podemos decir que es imposible hacer juicios sobre si determinados bienes son necesarios o innecesarios para los demás. Los juicios de valor interpersonales no son admitidos. Sólo podemos dar unas reglas generales: de los bienes que producen en nosotros igual bienestar, elegiremos aquellos cuyo bienestar más dure en el tiempo; de aquellos bienes cuyo bienestar dura lo mismo en el tiempo elegiremos aquellos que nos produzcan un bienestar más intenso.</p>
<p>No podemos precisar más, y de ello se sigue que no podemos decir lo que es o no necesario o innecesario ni lo que hace o no hace feliz a los demás. De ello se deduce la inutilidad de los institutos &#8220;educadores&#8221; que no entienden que cada persona es diferente y diferentes son las cosas que le hacen feliz; que unos consideraremos que los demás compran cosas inútiles y ellos pensarán lo propio de nosotros. Intentar racionalizarlo es hacer un llamamiento a un planificador central que fabrique y distribuya los productos que él considere necesario. Pero eso ya lo han probado algunos países durante cincuenta y otros durante setenta años sin mucho éxito.</p>
<p>En una sociedad libre donde los ciudadanos son lo suficientemente mayorcitos para saber qué les conviene, es necesario que las empresas no sólo fabriquen sino que traten de que el consumidor se entere de las cosas que pueden hacerle feliz y, como decía Hicks, se le &#8220;informe de manera atractiva y persuasiva&#8221;.</p>
<p>Preguntas que se pueden hacer algunos:<br />
1. Si la publicidad crea en nosotros necesidades, ¿por qué ahorramos?<br />
2. Si la publicidad crea en nosotros necesidades, ¿por qué no somos todos empresarios si con la publicidad tenemos garantizada la colocación exitosa de cualquier producto?<br />
3. Ha sido necesaria la aparición de la depiladora eléctrica para que las mujeres deseen estar más guapas deshaciéndose del vello de las piernas. ¿Es eso o al revés?<br />
4. La publicidad de viajes a China crea en nosotros la necesidad de viajar allí. Para poder pagarlo dejaremos de satisfacer otras necesidades más urgentes, como el colegio de los niños. ¿Es eso?<br />
5. Si prevalece siempre la satisfacción de nuestras necesidades más urgentes y no las que, se dice, nos sugiere la publicidad ¿qué nos hace pensar que la adquisición de un bien se debe a la influencia de la publicidad y no a una necesidad previa que ya tuviéramos?</p>
<h2>Libros recomendados para este escrito:</h2>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&amp;isbn=9788472093201"><img src="./wp-content/uploads/imagenes/p.gif" alt="" /></a></p>
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		<title>La falacia del ingeniero y la falacia del vendedor</title>
		<link>http://elcristalroto.com/?p=245</link>
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		<pubDate>Sun, 07 Sep 2008 21:09:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
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		<category><![CDATA[intrinsicismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Jerry Kirkpatrick, en su libro &#8220;En defensa de la publicidad&#8221;, especifica dos errores muy comunes en el mundo empresarial, derivados del objetivismo y del intrinsicismo. A estos los llama &#8220;falacia del ingeniero&#8221; y &#8220;falacia del vendedor&#8221; y resumen perfectamente el origen de los encontronazos que se suelen dar entre dos formas de entender cómo se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/08/market2.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-11" title="market2" src="http://www.elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/08/market2.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Jerry Kirkpatrick, en su libro &#8220;En defensa de la publicidad&#8221;, especifica dos errores muy comunes en el mundo empresarial, derivados del objetivismo y del intrinsicismo. A estos los llama &#8220;falacia del ingeniero&#8221; y &#8220;falacia del vendedor&#8221; y resumen perfectamente el origen de los encontronazos que se suelen dar entre dos formas de entender cómo se debería llevar el negocio, y que está presente en prácticamente la totalidad de compañías. Debe quedar claro que no son estos dos colectivos, ingenieros y vendedores, los únicos que cometen estos errores; y que tampoco son todos los ingenieros ni todos vendedores los que los cometen.</p>
<p>La falacia del ingeniero asegura que para comercializar un producto de manera eficaz es necesario hacer hincapié en sus cualidades técnicas y que las necesidades y deseos del consumidor son irrelevantes. La falacia del vendedor sostiene que comercializar eficazmente un producto requiere tan sólo prometer cualquier cosa al cliente que permita colocarle dicho producto en sus manos.</p>
<p>El producto, de acuerdo con la falacia del ingeniero, es intrínsecamente bueno y, por lo tanto, se vende por sí sólo, independientemente de que cumpla o no con los requerimientos del cliente o que sea o no de su agrado o que el usuario entienda o no las instrucciones. Para el defensor de esta falacia, la publicidad y la fuerza de ventas son un despilfarro y si el producto no se vende es porque el cliente no sabe apreciar la gran innovación, o porque hay que darle algo de tiempo para que se acostumbre al producto o para que aprenda la jerga del ingeniero. El problema está en el lado del departamento de marketing y ventas o en el lado del cliente. Esta falacia se fundamenta en que es el consumidor el que tiene que adaptarse a los gustos y conocimientos del ingeniero. Supone, también, una pérdida de contexto cuando olvida para qué y para quién se fabrica el producto. La persona que comete esta falacia diseña el producto para sí mismo y cree que el mercado lo forman clones suyos. Es la causa de que empresas que sacaron al mercado productos tecnológicamente mucho más avanzados que la competencia tuvieran que abandonar el negocio.</p>
<p>Aclaremos que la falacia del ingeniero no sólo es mantenida por ingenieros sino por todos aquellos con profesiones técnicas y similares como contables, financieros, abogados, etc.</p>
<p>La falacia del vendedor es la falacia del subjetivismo, por la cual no sólo el producto o la empresa se ven indefinidos y maleables, sino también el cliente. Cualquiera que sea el gusto o la necesidad de éste no importa porque el defensor de la falacia del vendedor siempre encontrará la manera de que el producto le satisfaga. Esta falacia supone la pérdida de contexto por cuanto, por un lado, no tiene en cuenta las necesidades reales del consumidor y, por otro, compromete al personal de la empresa que debe conseguir los requerimientos técnicos que permitan el cumplimiento de las promesas que hizo el vendedor. La persona que comete este error vive volcada en el público y, centrada en la comisión, lo tratará de manipular para venderle el producto sin importarle si satisface o no sus necesidades. Es por ello que suele reivindicar, como éxito de la venta, un elegante traje y un gran arsenal de chistes y el reto que se fija es llegar a encontrar el &#8220;botón rojo&#8221; que al oprimirlo induzca al cliente a comprar. Esta falacia se presta fácilmente a si misma a la charlatanería, aún sin ser necesario, y la forma básica que adopta es la de enfatizar sobremanera las mil ventajas que reporta al cliente a expensas de las características del producto y de las capacidades que requiere del usuario.</p>
<p>Nadie niega que estas empresas impulsadas por la ingeniería o el mercado sobrevivan, pero lo hacen no por mucho tiempo o no muy bien si no cambian su política de gestión. Las empresas impulsadas por la ingeniería pueden sobrevivir bien si sus clientes son también ingenieros o similares, pero cuando el gran público entra en escena, deben tomar conciencia de los deseos del mismo y, por ello, potenciar el departamento de marketing para evitar conflictos entre las divisiones de ingeniería y marketing.</p>
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		<title>¿Disfrutamos más de algo si pagamos más por él? III</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Aug 2008 16:39:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
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		<category><![CDATA[conocimiento]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Disfrutamos más de algo si pagamos más por él?
Yo digo que no pero hay expertos en el campo del marketing con otra opinión, como Juan Carlos Alcalde del Instituto Marketing de Servicios, que escribe en su blog:
&#8220;Sin ninguna sorpresa, a tenor de la verdad, y sin ánimo de resultar pretencioso, leímos una noticia (http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080115/53427490771.html) que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p id="dlir94"><a href="http://www.elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/08/zwine3.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-12" title="zwine3" src="http://www.elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/08/zwine3.jpg" alt="" width="300" height="201" /></a>¿Disfrutamos más de algo si pagamos más por él?</p>
<p>Yo digo que no pero hay expertos en el campo del marketing <a id="dlir97" title="no piensan como yo" href="http://www.marketingdeservicios.com/articulos/aumentar-el-precio-de-un-producto-provoca-que-se-disfrute-mas-de-el/">con otra opinión</a>, como Juan Carlos Alcalde del <a id="dlir99" title="Instituto Marketing de Servicios" href="http://www.marketingdeservicios.com/">Instituto Marketing de Servicios</a>, que escribe en su blog:</p>
<p id="dlir105"><em id="zf20">&#8220;Sin ninguna sorpresa, a tenor de la verdad, y sin ánimo de resultar pretencioso, leímos una noticia (<a id="dlir109" href="http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080115/53427490771.html">http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080115/53427490771.html</a>) que indica que &#8220;un estudio concluye que aumentar el precio de un producto provoca que se disfrute más de él&#8221;.</em></p>
<p id="dlir113"><em id="zf200">La noticia es de gran interés para los periodistas, pero los que nos dedicamos al márketing sabemos de ello hace tiempo. También sabemos que hay que ser cauto, no hay relación causa efecto ni automatismo alguno.</em></p>
<p id="dlir119"><em id="zf201">Siempre cuento que, una vez, cargado, como estaba, de trabajo, pasé un presupuesto a un potencial cliente (por cortesía, con un precio, en realidad, disuasorio: no disponía de fechas para trabajar para él). Multipliqué por tres el precio promedio que manejaba en aquél momento. Me aprobó el proyecto esa misma tarde!!!.</em></p>
<p id="dlir125"><em id="zf202">Tardé mucho menos en convencer que cuándo manejaba precios más bajos. Resulté más creíble.</em></p>
<p id="dlir131"><em id="zf203">Sin embargo, lo he intentado otras veces, sin éxito!!.&#8221;</em></p>
<p id="dlir137"><br id="dlir140" /> No lo creo por lo que sigue:<br id="dlir143" /> <br id="dlir145" /> 1. Si pagar más por un producto hace que lo disfrutemos más, es lógico hacerse las siguientes preguntas para darnos cuenta del absurdo al que se puede llegar: ¿por qué no pedimos aumentos en el precio de los bienes en vez de descuentos? ¿Por qué no aceptaríamos un precio de 6.000€ por una barra de pan de cuarto? ¿Cómo es posible que el ser humano no hubiera descubierto todavía que la fuente de su infinito bienestar pasa por gastar toda la renta mensual en unas zapatillas de marca?<br id="dlir146" /> <br id="dlir147" /> 2. Teniendo en cuenta que se realiza una compra si el bien que recibimos tiene para nosotros un valor superior a cualquier otro bien que podamos conseguir con el dinero que entregamos, la conclusión a la que se llega es que el estudio confunde casualidad con causalidad. <br id="dlir148" /> <br id="dlir149" /> 3. Por último, veamos el caso del cliente al que le cobró un &#8220;plus disuasorio&#8221;. El cliente de JC Alcalde valoraba el trabajo de éste en función de la utilidad marginal que le reportaría el aumento adicional de ventas que esperaba que se produjera con su ayuda. JC Alcalde puso un precio muy por debajo de tal valoración por lo que el cliente aceptó inmediatamente. Dice que resultó creíble por cobrar más y yo creo que su cliente debió pensar otra cosa cuando le pidió mucho menos de lo que estaba dispuesto a pagar. Dice también que cuando cobra precios más bajos no convence al cliente tan fácilmente pero ¿no será que les cobra muy por encima de la utilidad marginal descontada del resultado su trabajo? JC Alcalde no tiene forma de saber en cuanto valoran los clientes su trabajo hasta el momento en que tienen que aceptar su presupuesto, por eso no le queda otro remedio que tantear según el incremento de margen que le supondría al cliente el trabajo de su despacho. En realidad, no se trata de una cuestión de credibilidad sino de comparar los valores subjetivos que dan las dos partes.<br id="dlir150" /> <br id="dlir151" /> Después de lo visto hasta aquí deberíamos ser más cautos con las conclusiones que sacamos de ciertos estudios repletos de errores conceptuales porque pueden llevarnos a llamar &#8220;truco&#8221; o estrategia de marketing lo que es un simple engaño. Debemos entender que los voluntarios de un estudio no son compradores y nunca se comportarán igual. Tomar decisiones en base a tales conclusiones daría lugar a perjuicios irreversibles para cualquier negocio.</p>
<h2>Libros recomendados para este escrito:</h2>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&#038;isbn=9788472093164"><img src='./wp-content/uploads/imagenes/menger.gif' /></a></p>
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		<title>El economista naturalista III</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Aug 2008 16:22:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[competencia]]></category>
		<category><![CDATA[conocimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Frank]]></category>

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		<description><![CDATA[Uno de los peores efectos, por no decir el más dañino de todos, que tienen estas teorías equivocadas es que, como no saben explicar la realidad, echan la culpa a la realidad de que el mundo no funcione según sus impecables modelos teóricos, por lo que la única manera de atemperar el problema es reconducir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p id="qy3a89"><a href="http://www.elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/08/market3.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9" title="market3" src="http://www.elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/08/market3.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Uno de los peores efectos, por no decir el más dañino de todos, que tienen estas teorías equivocadas es que, como no saben explicar la realidad, echan la culpa a la realidad de que el mundo no funcione según sus impecables modelos teóricos, por lo que la única manera de atemperar el problema es reconducir la realidad hacia donde nos conviene mediante el intervencionismo. Así resulta que, como el consumidor prefiere Windows, Microsoft deberá pagar descomunales multas por abuso de posición dominante, conseguida a base de darle al público lo que este desea. Hete aquí la solución: reducir la libertad. Un bonito ejemplo lo tenemos en la pregunta que se hace en el libro:</p>
<p id="qy3a94"><em id="qy3a95">&#8220;¿Por qué la Ley de Normas Laborales Justas obliga a los empleadores a pagar con un recargo todas las horas trabajadas fuera del horario habitual de cuarenta horas semanales?&#8221;<br />
</em>
</p>
<p id="qy3a98">Y contesta:</p>
<p id="qy3a104"><em id="qy3a105">&#8220;Posiblemente, la razón de exigir a los empleadores que paguen un recargo por las horas extraordinarias se asemeja a la razón de obligar a las empresas a prevenir los riesgos laborales. Aunque un individuo pueda aumentar sus posibilidades de ascenso trabajando más horas, cuando los demás hacen lo mismo, las posibilidades de promoción que tiene cada uno acaban siendo prácticamente las mismas que al principio. Al final, la competencia febril entre los trabajadores degenera en que todos tienen que trabajar todas las tardes hasta las ocho para no quedarse atrás&#8221;. </em></p>
<p id="qy3a108">
<p id="qy3a111">Que es lo mismo que decir que los trabajadores, esos pobres diablos, víctimas de sus bajas pasiones y de sus vicios, incapaces de pensar y que no saben lo que les conviene, necesitan ser protegidos de sí mismos por el legislador bondadoso. Mediante la coacción evitaremos esa competencia febril que no les llevaría a otro lugar que no fuera el hospital o la tumba. Unos ejemplos:</p>
<p>a) Sea un matrimonio con dos hijos pequeños, ambos en paro. Sin dinero para hacer frente no sólo a una hipoteca sino con dificultades para alimentar a sus retoños. Uno de ellos encuentra trabajo pero no le permiten hacer horas extras por su propio bien, así que tiene que elegir entre pagar la hipoteca para mantener a cubierto a su familia o alimentarles y vivir bajo un puente.</p>
<p id="qy3a123">b) Sea un matrimonio que vive desahogadamente. Les gusta pasar tiempo con sus hijos y pueden hacerlo así que ninguno de los dos hace horas extra que les impediría disfrutar de la familia unas horas más al día.</p>
<p>c) Sea un joven que desea una moto para disfrutarla durante el verano. Conseguirá el dinero necesario si hace horas extras, pero no va a poder ser porque se lo impiden bajo la excusa de protegerle de la competencia febril.</p>
<p>En los ejemplos vemos que la ley impide la felicidad en unos casos y es innecesaria en otro caso. Esta mentalidad paternalista (despótica) presupone una irracionalidad en los agentes que operan en el mercado que les lleva a competir sin descanso hasta conseguir un determinado fin. Pero no todos tienen los mismos fines ni tampoco eligen los mismos medios para conseguirlos.</p>
<p id="qy3a128">Tampoco tiene en cuenta este enfoque lo que sería la otra cara de la moneda. Dice más arriba:</p>
<p id="qy3a137"><em id="qy3a134">&#8220;A causa de la desincentivación que supone este recargo (mayor precio de la hora extra), la mayoría de ellos limitan las horas extra a las necesidades de producción imprevistas, que son poco frecuentes.&#8221;<br />
</em></p>
<p>¿Alguien entiende como puede darse una competencia febril en la realización de horas extras si no hay una necesidad de producción imprevista?<br />
<br id="qy3a140" /> El libro continua por esos derroteros y siempre cometiendo errores del tipo que hemos estado exponiendo. No obstante, creo que es un libro altamente recomendable para leerlo inmediatamente antes o después de los siguientes: el primero, escrito en 1946 y que no ha perdido actualidad, se trata de <a id="qy3a142" title="&quot;La economía en una lección&quot;" href="http://www.casadellibro.com/libro-economia-en-una-leccion/2900001245739">&#8220;La economía en una lección&#8221;</a> de Henry Hazlitt; otro más reciente que se titula: <a id="qy3a144" title="&quot;Una introducción al razonamiento económico&quot;" href="http://www.amazon.com/Introduction-Economic-Reasoning-David-Gordon/dp/0945466285/ref=pd_bbs_sr_2?ie=UTF8&amp;s=books&amp;qid=1217581935&amp;sr=1-2">&#8220;Una introducción al razonamiento económico&#8221;</a> de David Gordon (<a id="qy3a146" title="en español" href="http://www.liberalismo.org/articulo/235/12/introduccion/razonamiento/economico/">en español</a> ) y, por último, un compendio de escritos mucho más antiguos escritos por Frederic Bastiat titulado <a id="qy3a148" title="&quot;Obras escogidas&quot;" href="http://www.casadellibro.com/libro-obras-escogidas/2900000973704">&#8220;Obras escogidas&#8221;</a>.</p>
<h2>Libros recomendados para este escrito:</h2>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&amp;isbn=9788472093201"><img src="./wp-content/uploads/imagenes/p.gif" alt="" /></a> <a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&amp;isbn=9788483078266"><img src="./wp-content/uploads/imagenes/9788483078266.jpg" alt="" /></a> <a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&amp;isbn=9788472093959"><img src="./wp-content/uploads/imagenes/obras_escogidas_Bastiat.gif" alt="" /></a></p>
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		<title>¿Disfrutamos más de algo si pagamos más por él? II</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2008 16:06:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
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		<category><![CDATA[conocimiento]]></category>
		<category><![CDATA[marketing]]></category>
		<category><![CDATA[teoría del valor subjetivo]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8220;Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.&#8221; (A. Lincoln) Una segunda conclusión que podemos sacar del estudio dirigido por Antonio Rangel está referido a la confianza en el mercado que, al no tenerse en cuenta, les [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p id="dlir71"><em id="dlir72">&#8220;Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.&#8221; (A. Lincoln)</em><br id="dlir73" /><br id="dlir75" /> Una segunda conclusión que podemos sacar del estudio dirigido por Antonio Rangel está referido a la confianza en el mercado que, al no tenerse en cuenta, les lleva a especular con alguna aplicación práctica contraria al sentido común.<br id="dlir77" /> <br id="dlir78" /> Sabemos que los bienes más escasos son los que las personas más valoran y, por lo tanto, son los que alcanzan los precios más altos. El precio es entonces un indicador de escasez y es del todo lógico pensar que, si un producto tiene un alto precio es porque tiene cualidades que lo hacen más deseado. Así que si pretendemos hacer creer a un consumidor potencial que el mercado valora de forma excepcional las características de un producto, que en realidad no tiene, basta con pedir un precio alto por dicho producto. Lo cual es lo mismo que manipular el cuentakilómetros de un vehículo para que un posible comprador del mismo crea que ha sido poco usado. En ambos casos, dar verosimilitud a lo que es falso para inducir a alguien a tomarlo por verdadero, se llama engañar. Por supuesto que todos sabemos que desde siempre existe el engaño pero, por las razones psicológicas que sean y que no vienen aquí al caso, seguimos cayendo en el mismo.<br id="dlir79" /> <br id="dlir80" /> También sabemos que una práctica común de quien vende un producto es exagerar sus virtudes y camuflar sus vicios, pero hay un límite: el deterioro de la confianza. La confianza es la base de todas las relaciones humanas y, en particular, de las presentes en el libre comercio entre compradores y vendedores, es la creencia en que el que nos vende un producto no nos engañará y en que el que nos lo compra no dejará de pagarnos, es la tranquilidad de no tener que tomar medidas adicionales que nos lleven tiempo y dinero para evitar el engaño. <br id="dlir81" /> <br id="dlir82" /> Es cierto que las personas engañan pero a pesar de ello somos vulnerables y caemos en el engaño. Pero el engaño trae consecuencias no sólo para el engañado sino para el que engaña. En los mercados, todos los agentes tratan de forjarse el crédito necesario que les permita gozar de la confianza de las otra parte y así conseguir posiciones ventajosas respecto a sus competidores porque cuando surgen dificultades ese crédito sirve para que nos sigan suministrando, tanto capital como factores de producción, que de otra manera sería imposible. Sólo la confianza que se gana en cada acto diario posibilita el crédito que una persona o empresa puede disfrutar en el tiempo.<br id="dlir83" /><br id="dlir85" /> El caso de Arthur Andersen bastaría para recordar como las gasta el mercado con quien no merece confianza y, de ahí, deducir que engañar a la gente cobrando el doble por una botella de vino traería funestas consecuencias para la tienda que lo vendió y para quien lo produjo. Si el engaño es ahora &#8220;truco&#8221; de marketing, como nos sugieren los que realizaron el estudio, no le veo mucho futuro.</p>
<h2>Libros recomendados para este escrito:</h2>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&#038;isbn=9788472092754"><img src='./wp-content/uploads/imagenes/capitalismo.gif' /></a></p>
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		<title>El economista naturalista II</title>
		<link>http://elcristalroto.com/?p=41</link>
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		<pubDate>Wed, 30 Jul 2008 15:58:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jlhm</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[competencia]]></category>
		<category><![CDATA[conocimiento]]></category>
		<category><![CDATA[empresarialidad]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Frank]]></category>
		<category><![CDATA[teoría del valor subjetivo]]></category>
		<category><![CDATA[utilidad marginal]]></category>

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		<description><![CDATA[El paradigma actual dominante entre los teóricos de los precios y del mercado, considera la competencia (competencia perfecta) como aquella situación en la que cada participante en el mercado hace lo mismo que los demás y en la que sería irrelevante tratar de diferenciarse de ellos. El empresario se enfrenta a planes dados de oferta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p id="qy3a7"><a href="http://www.elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/08/market2.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-11" title="market2" src="http://www.elcristalroto.com/wp-content/uploads/2008/08/market2.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>El paradigma actual dominante entre los teóricos de los precios y del mercado, considera la competencia (competencia perfecta) como aquella situación en la que cada participante en el mercado hace lo mismo que los demás y en la que sería irrelevante tratar de diferenciarse de ellos. El empresario se enfrenta a planes dados de oferta y demanda. No existe incertidumbre. El sentido que aquí se le da a la competencia es más el de una situación que el de un proceso. Si, por el contrario, le diéramos a la competencia el sentido de un proceso de mercado, habría que tener en cuenta la empresarialidad, es decir, la posibilidad de concurrir libremente en el mercado aprovechando oportunidades no descubiertas anteriormente y ponerlo en conocimiento del consumidor, de tal manera que los empresarios intentarían diferenciar sus productos de los del resto de competidores para adaptarse mejor a sus necesidades, observarían a los demás competidores para tratar de anular sus ventajas, etc. En este sentido, Robert Frank pertenece al primer grupo, el más alejado de la realidad. Escribe:<br id="qy3a9" /> <br id="qy3a10" /></p>
<p id="qy3a12"><em id="qy3a13">&#8220;&#8230; Adam Smith sostuvo en &#8216;La riqueza de las naciones&#8217; que el precio de un producto, a la larga, no debe de superar su coste de producción, pues, de lo contrario, las oportunidades de beneficio inducirán a los competidores a entrar en el mercado. Éstos seguirán entrando hasta que el aumento de la oferta baje los precios al nivel del coste.<br id="qy3a15" /> <br id="qy3a16" /> Pero no faltan ejemplos de compradores que pagan precios muy dispares por bienes y servicios que, en esencia, son idénticos. Estos ejemplos parecen contradecir el principio de que el dinero no se sirve en bandeja. ¿Por qué la competencia de los vendedores rivales no nivela todos los precios?&#8230;&#8221;</em></p>
<p id="qy3a19">
<p id="qy3a22">A lo largo del libro, siempre que no se cumpla lo descrito en la cita anterior (&#8216;ley de precio único&#8217;), es decir, que los precios no bajen al nivel del coste, se afirmará que no hay competencia perfecta y una variante de lo anterior será que no hay suficientes empresas en el mercado. Si nos detenemos un segundo para pensar en lo que la cita sugiere, un escalofrío recorrerá inexorablemente nuestro espinazo porque tal cita solo podrá cumplirse si la mente de todos los seres humanos de la tierra adopta el modo <em id="qy3a24">&#8217;standby&#8217;</em>, es decir, ningún empresario aprecia diferencias de precio entre productos y factores de producción, ningún departamento de marketing trata de crear adhesión a la marca, si en I+D+i son incapaces de diseñar productos más atractivos, más baratos, menos pesados y voluminosos para adaptarse a los gustos de los consumidores. En definitiva, un desastre. Por suerte, la realidad no es así.<br id="qy3a25" /> <br id="qy3a26" /> Un poco más adelante dice:<br id="qy3a27" /> <br id="qy3a28" /></p>
<p id="qy3a30"><em id="qy3a31">&#8220;La ley de precio único es especialmente aplicable a bienes y servicios que se venden en mercados donde existe competencia perfecta. Se trata, para simplificar, de mercados en los que un elevado número de vendedores ofrecen productos muy tipificados.&#8221;</em></p>
<p id="qy3a35">
<p id="qy3a38">Robert Frank quiere decir &#8216;bienes&#8217; cuando escribe &#8216;productos muy tipificados&#8217; y, recordemos, &#8216;bien&#8217; es una cantidad de algo que podemos dividir en unidades homogéneas. Pero resulta que es el consumidor el único que puede percibir tal homogeneidad porque el consumidor no sólo compra el producto sino todo lo que rodea a ese producto, sus atributos. Esto quiere decir que Robert Frank no puede decidir por los demás consumidores lo que considera o no homogéneo (productos muy tipificados). Se deduce de ello que Robert Frank no puede decidir cuándo hay o no competencia perfecta. Pero lo hace cuando responde a una pregunta sobre DVD, CD y libros:<br id="qy3a40" /> <br id="qy3a41" /></p>
<p id="qy3a43"><em id="qy3a44">&#8220;Dado que los competidores no pueden ofrecer productos sustitutivos, en estos mercados no existe competencia perfecta.&#8221;</em></p>
<p id="qy3a47"><br id="qy3a49" /> Robert Frank describe en la anterior cita algo inexistente en la realidad. El pan de cada panadería no es idéntico, un bar es diferente a otro pues el cliente valora no sólo el precio de lo que le sirven sino el ambiente, el espacio, la amabilidad, la rapidez, la higiene, los pinchos tan ricos que tienen, etc. Es realmente increíble que esto no se tenga en cuenta a la hora de responder a numerosas preguntas que se hace en el libro.<br id="qy3a50" /> <br id="qy3a51" /> En otra parte del libro dice que los bares que ponen a disposición de los clientes cuencos con frutos secos salados lo hacen para inducir a un mayor consumo de cerveza u otras bebidas alcohólicas mientras que si se sirviera agua gratis no conseguirían el mayor margen que proporcionan las primeras. Pero tal vez no sean tan maquinadores y sólo traten de diferenciar el servicio que da su bar del que da el de al lado con un nuevo atributo muy apreciado por el cliente y no muy costoso, o bien esté tratando de copiar al competidor para anular su ventaja. ¿Cómo explicaríamos el éxito de las zonas de bares de tapas o copas con tantos locales situados tabique con tabique y llenos hasta arriba si no fuera porque no son productos homogéneos e intercambiables sino productos totalmente diferentes?<br id="qy3a52" /> <br id="qy3a53" /> Como en todos los mercados se trata de diferenciar los productos para hacerse con los favores del cliente, podemos decir que el precio de cada uno de esos productos es precio de monopolio ¿Se debería multar a todas las empresas por tratar de satisfacer de forma más perfecta las necesidades de los consumidores o sólo cuando una de ellas consiga una parte sustancialmente importante del pastel?<br id="qy3a54" /> <br id="qy3a55" /> Visto lo anterior debemos hacernos una pregunta: ¿cómo podemos saber entonces si hay en el mercado muchas empresas compitiendo o muy pocas si cada empresa ofrece un producto diferenciado? Cuando en el libro responde a la pregunta de por qué muchas tintorerías cobran más por las blusas que por las camisas, en un párrafo escribe Robert Frank:</p>
<p id="qy3a57">
<p id="qy3a60"><em id="qy3a61">&#8220;En general, cuanta más competencia hay en una industria, es menos probable que discriminen a los clientes. Incluso en una ciudad pequeña como Ithaca figuran más de diez tintorerías en las páginas amarillas, más que suficientes para garantizar una dura competencia. Si las tintorerías estuviesen cobrando precios significativamente superiores a lo que les cuesta lavar y planchar las blusas, estarían sirviendo el dinero en bandeja. Bastaría con que un comprador pusiera un anuncio diciendo: &#8220;Blusas al mismo precio que las camisas&#8221; y enseguida arramblaría con todo el mercado femenino.</em><br id="qy3a64" /> <br id="qy3a65" /> <em id="qy3a66">El hecho de que se mantengan las diferencias de precios hace suponer que estas se deben a diferencias en el coste de procesar los dos tipos de prendas.&#8221;</em></p>
<p id="qy3a68">
<p id="qy3a71">Aquí vemos un ejemplo de lo que se comentaba más arriba. Robert Frank decide que diez tintorerías son más que suficientes. ¿Por qué cinco son pocas y quince muchísimas? Porque en el mundo estático de Robert Frank, la competencia perfecta no contempla la perspicacia de empresarios que pueden diferenciar su servicio aportando nuevas oportunidades a los consumidores y, por otro lado, estos no perciben ninguna diferencia entre tintorerías. Por ello acaba concluyendo que la diferencia de precios entre blusas y camisas persistirá debido al coste lo cual es otro de los errores garrafales que comete el profesor de Cornell.<br id="qy3a73" /> <br id="qy3a74" /></p>
<p id="qy3a76">Este error es consecuencia del olvido de la ley de utilidad marginal, otra vez, que nos dice que la oferta disponible se emplea en los usos más provechosos y recibe su precio de las valoraciones de estos últimos. Sin entrar en otros detalles podemos decir que el mayor valor dado por las mujeres al lavado y planchado de blusas permite a las tintorerías poner un mayor precio a este servicio y, por ello, se demandará más mano de obra para estas labores, lo que se conseguirá sólo con incrementos salariales. Este último hecho es considerado por Robert Frank como el determinante del precio del lavado y planchado de blusas. Es obvio que realizar un análisis desde uno u otro enfoque puede cambiar mucho nuestras conclusiones.</p>
<h2>Libros recomendados para este escrito:</h2>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&amp;isbn=9788483078266"><img src="./wp-content/uploads/imagenes/9788483078266.jpg" alt="" /></a> <a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&amp;isbn=9788472094499"><img src="./wp-content/uploads/imagenes/9788472094499.jpg" alt="" /></a> <a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=2804&#038;isbn=9788496836228"><img src='./wp-content/uploads/imagenes/9788496836228.jpg' /></a></p>
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